Una motivación real

Recuerdo perfectamente el remezón que sentimos todos los chalacos el 15 de agosto del 2007. Mi familia se abrazó mientras oíamos gritos de miedo de los vecinos. Cuando terminó, luego de varios segundos de angustia, salimos a la calle y vimos que muchas personas corrían ante la alarma de “tsunami”. La noticia había sido parte del sentido común de las personas ya que ningún medio de comunicación se atrevía a dar una idea real del hecho: solo se sabía que el movimiento había tenido como epicentro el sur del país, las líneas telefónicas se habían caído y el pueblo de Pisco estaba incomunicado. No sabíamos nada…. Hasta el día siguiente.

Los titulares de la mañana de 16 de agosto eran sorprendentes: algunos no tenían la certeza de lo que pasaba, solo publicaban fotos de la carretera Panamericana Sur destruida mientras que las televisoras apenas si llegaban al lugar de los hechos. El panorama era desolador: una ciudad destruida. Incertidumbre, información contrariada. No se sabía cuántas personas estaban afectadas, no se sabía cómo ayudar.

Iniciaron las especulaciones. Los diarios más sensacionalistas optaron por explotar sus titulares con palabras como “Tragedia”, “Cataclismo”, “Se quebró al tierra”, “Dios no los perdonó”. En el colegio, una compañera comentaba con frecuencia que era parte de las profecías de Nostradamus y que lo había leído en un tabloide local. Otro se aventuraba a decir que era una señal del fin del mundo mientras mis compañeros se miraban aterrados.
Fue este uno de los hechos que me hizo dar cuenta del poder de la prensa, del poder de la palabra escrita. Uno de los hechos que me hizo querer ayudar al mundo a través de las palabras, en medio de un sueño que, espero, no sea una utopía.Vivíamos en una ciudad con información minuto a minuto que no era dada de la manera correcta y que, en vez de buscar concientizar a través de las noticias, explotaba la desgracia cual mercancía, creando pánico y desolación.

La labor de los medios de comunicaciones debe buscar siempre lograr algún impacto en las personas, positivo obviamente, dándole información útil que pueda aplicarse a su vida. Se puede educar incluso cuando se escribe sobre una tragedia, pues estas ayudan a concientizar al público. Y eso es a lo que se quiere llegar con el presente trabajo: encontrar ese verdadero nexo de ayuda al usuario a través de la palabra. No por vender más. No por convertirse en una pluma famosa. Sino porque es nuestro deber con la sociedad a la que informamos. Nuestro deber con nuestro país.

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